lunes, 12 de diciembre de 2016

A LAS DIEZ Y DIEZ

     A las diez y diez brota una sonrisa de las agujas del reloj, sus pasos no son como los de los demás, dejaron huella en la arena de mi orilla,  algo envuelve el rumor, algo que yo solo puedo ver porque solo yo puedo sentir, solo a mí me desarmó, dejó sin manecillas a un reloj. ¿A quién le doy las gracias por dejarme a mi suerte, sentada en la puerta, esperando una carta sin remitente al otro lado de un “te espero llegar”…?  Dejas mis labios como un  pincel  sobre un  lienzo, haciendo siluetas de garabatos en espiral, rodeando un edificio a punto de derrumbarse, no sé yo si tengo al enemigo en el corazón o a un héroe en la razón…

     Perder el norte y hacer una fiesta con la locura al sur de tu vientre, el lenguaje de signos de unos labios mudos son las miradas que se van a la deriva por los átomos de una sonrisa… El efecto mariposa de una caricia deja en los huesos las decepciones y enmaraña bocas sedientas de suspiros robados por impostores… Los párpados mojados van viendo el sol, el rocío en la piel va engendrando motivos en las palmas de las  manos; se despierta la fiebre por la  frente, en los labios se rompen palabras  y cenizas por la espalda, el paraíso está en lo que sentimos y el infierno en lo que desatamos, no es ni bueno ni malo, todo es todo sin su nada… 

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